21 mayo 2018

Jaime Sabines






La luna

    La luna se puede tomar a cucharadas
    O como una cápsula cada dos horas.
    Es buena como hipnótico y sedante
    Y también alivia
    A los que se han intoxicado de filosofía.
    Un pedazo de luna en el bolsillo
    Es mejor amuleto que la pata de conejo:
    Sirve para encontrar a quien se ama,
    Para ser rico sin que lo sepa nadie
    Y para alejar a los médicos y las clínicas.
    Se puede dar de postre a los niños
    Cuando no se han dormido,
    Y unas gotas de luna en los ojos de los ancianos
    Ayudan a bien morir.

    Pon una hoja tierna de la luna
    Debajo de tu almohada
    Y mirarás lo que quieras ver.
    Lleva siempre un frasquito del aire de la luna
    Para cuando te ahogues,
    Y dale la llave de la luna
    A los presos y a los desencantados.
    Para los condenados a muerte
    Y para los condenados a vida
    No hay mejor estimulante que la luna
    En dosis precisas y controladas.


Amalia Bautista





Me dices que me quieres de una forma
que no puedo evitar ruborizarme;
que me quieres de un modo primitivo,
sin razón aparente y sin excusas,
y que me quieres porque me deseas,
porque sabes que yo también te quiero
y porque el monstruo de este amor nos come
el alma, la paciencia y los modales.
Qué lástima que todas estas cosas
se nos mueran ahogadas de silencio.






Pedro Javier Martín Pedrós







Enamorarme de la vida


Enamorarme de la vida para ser valiente, y
dejar que mis lágrimas se asomen
mientras leo un poema a un buen amigo.

Enamorarme de la vida para inventarme
sueños, «paradas», donde quepa la utopía,
y los abrazos no se reduzcan a un
contacto o roce físico.

Enamorarme de la vida obsequiando
puestas de soles a los que
siempre se sintieron solos,
mal acompañados
y nunca queridos.

Enamorarme de la vida, regalando
pentagramas vacíos,
para que otros
pinten su música sin conservatorio,
sin conservantes
ni amigos influyentes.

Enamorarme de la vida después de la
despedida de un amigo,
en cualquier campo santo.

Enamorarme de la vida,
viajando, deslizando mis manos por las
carreteras y curvas de cuerpos, sin temor al
carné por puntos.

Enamorarme de la vida, sabiendo que este otoño
vendrán vientos y lluvias difíciles,
y que alguna tarde sentiré los bolsillos
de la vida vacíos.

Enamorarme de la vida,
a sabiendas que hay soldados que se
camuflan con trajes de poetas,
y que nunca aprenderán a esculpir
dos miradas amorosas llenas de deseos.

Enamorarme de la vida con el saco
lleno de un montón de años, y soñando
que el amor es posible, aunque parezca una
cursilería.

Enamorarme de la vida, creyendo siempre
que detrás de una sombra,
puedo encontrarme herrumbre,
madrugadas, escombros y caricias.

Enamorarme de la vida y
sorprenderme ante la
persona que encuentro en
el espejo
cuando me afeito cada mañana.

Enamorarme de la vida,
a sabiendas que hay caminos
con charcos pestilentes de
mierda y basura humana,
que hasta los jadeos de amor
se aprenden en las escuelas de
teatro.

Enamorarme de la vida y abrirle
la boca al mar, para que engulla
deseos, vibraciones prohibidas,
y desparramar los embalses ocultos
de mi adolescencia.

Enamorarme de la vida y descubrir el
placer de una muda limpia de cama, y
experimentar como se curan las heridas.

Enamorarme de la vida y rellenar
páginas en este viaje
donde, querer seguir siendo niño,
es una locura.

De : En la bajamar.









20 mayo 2018

Luz Ramírez





Rondaba la noche
Y tú me dijiste
Cómo seguir triste
si por fin te he visto?

Benditos tus ojos
que vieron los míos
y ahora no hay paz
y en el fuego vivo

Ven... por siempre ven
a mis noches huérfanas.


Derechos reservados




19 mayo 2018

Lola Lirola



ROJAS


Nació en medio
de amapolas Rojas,
pero su horizonte
siempre fue la mar.
Se la ve arrastrar
la vaga sospecha
de una culpa añeja,
que nadie recuerda.
Nació en medio
de amapolas Rojas,
de ahí, las pasiones,
sus carnes preñadas
de color materno,
y de amor perpetuo.
Nació en medio
de amapolas Rojas,
y aunque permanece
en medio de ellas,
el canto le llega
siempre de la mar




18 mayo 2018

Mara Guadalix.



Tanto ha cambiado todo,

que los vestigios de azul,

tienen posos de rojo,
y el deseo ya no es arrebatador,
se siente por partes,
ambiguo y sin sentidos,
desnudos como un cuadro,
mudos, mirando las imperfecciones,
de las consentidas amapolas marchitas,
carne mortal, perecedera en un instante,
arruga de papel mojado negro
Temblor desangelado en la pereza
de un cuarto vacío de esperanzas,
repleto de tristezas,
sin ganas del rojo que provoca,
ni del negro que encierra,
en cáliz que liban las abejas,
seda que muere,
beso de lluvia,
caricia obnubilada
Me conoces y sabes
hacer conmigo,
lo que hace con la flor  la primavera.

Jose antonio Fernandez




Sabe el mar

Sabe el mar golpear el horizonte
sin aguardar a que caiga la noche
de espaldas y cierre las puertas. Tal
vez por ello me olvidaste.
Era invierno y nunca aprendí a nadar
en aquellas corrientes de agua helada
que tus piernas sabían provocar                                           
agitando las olas;
como tampoco supe
guardar la ropa cuando un mero sorbo
de amanecer helado
se dio de bruces contra mi aterida
piel de escarcha, desnuda
en medio de las aguas.
Pero no, no hay reproches.
Tal vez entre tus labios y los míos
nunca nos fue posible humedecer
las gotas del crepúsculo estrelladas
en el vidrio. Como ni fui capaz
de sembrar jazmines en el nocturno
abanico de tantas vanidades
como, a coro, tarareaban nuestras
canciones; ni supe entonces talar
de raíz
el tronco del aroma del jazmín
en aquella calle de recovecos
raros donde solíamos pasear.
Es igual. Al menos queda este trozo
de corazón de encina
inquebrantable sembrando el erial
de tu perfume, a pesar de tu ausencia
desde donde escribo estos pocos versos
que apenas soy capaz de arrancar
a orillas de una lágrima.





Ana Vivero Megías





Escucho tu silencio desnudo
mostrando su lacerada piel
gritando tras la boca amordazada
de la sangrante herida

Tu silencio, arrullado por la muerte,
con grito de hospital sobre sábanas
opacas en el resplandor frío de la lejía

Escucho tu voz dolida y callada
acariciando el suelo como hilo roto
que quisiera descoserse de la agonía

Quisiera hablarte
decirte todo lo que ayer callé
cuando aún eran pequeñas tus pupilas
pero la anestesia del dolor en mi garganta
me declara muerta en vida

En el electroencefalograma plano de un papel
mancho mis versos de palabras
que nunca quisieron ser escritas.





17 mayo 2018

Poema de Walt Whitman





UNA HOJA DE HIERBA


Creo que una hoja de hierba, no es menos

que el día de trabajo de las estrellas,

y que una hormiga es perfecta,

y un grano de arena,

y el huevo del régulo,

son igualmente perfectos,

y que la rana es una obra maestra,

digna de los señalados,

y que la zarzamora podría adornar,

los salones del paraíso,
y que la articulación más pequeña de mi mano,

avergüenza a las máquinas,

y que la vaca que pasta, con su cabeza gacha,

supera todas las estatuas,

y que un ratón es milagro suficiente,

como para hacer dudar,

a seis trillones de infieles.

Descubro que en mí,

se incorporaron, el gneiss y el carbón,

el musgo de largos filamentos, frutas, granos y raíces.

Que estoy estucado totalmente

con los cuadrúpedos y los pájaros,

que hubo motivos para lo que he dejado allá lejos

y que puedo hacerlo volver atrás,

y hacia mí, cuando quiera.

Es vano acelerar la vergüenza,

es vano que las plutónicas rocas,

me envíen su calor al acercarme,

es vano que el mastodonte se retrase,

y se oculte detrás del polvo de sus huesos,

es vano que se alejen los objetos muchas leguas

y asuman formas multitudinales,

es vano que el océano esculpa calaveras

y se oculten en ellas los monstruos marinos,

es vano que el aguilucho

use de morada el cielo,

es vano que la serpiente se deslice

entre lianas y troncos,

es vano que el reno huya

refugiándose en lo recóndito del bosque,

es vano que las morsas se dirijan al norte

al Labrador.

Yo les sigo velozmente, yo asciendo hasta el nido

en la fisura del peñasco.


Versión de León Felipe 

julia gutierrez



A cualquier parte llegarán los ojos,
lunas vigilantes taciturnas.
Y solo a una habitación oscura
entrará la luz del sol esta noche.


Imagen: Kain White




Rafael Luna García






Busco en el callado infinito
los redobles de mi vida
que se pierden en círculo
vaciándose desnudos.
Ante la soledad escondida
los soles pasean en silencio
una mirada sin firmamento
un caminar sin camino.
Las posibilidades se caen
como pétalos marchitos
pisados sin remedio.
Cada Luna trae
silencios sin respuesta
estrellas sin luz.





16 mayo 2018

Isabel Rezmo







PÉTALO



Tengo un pétalo

que del miedo se esconde.

Retiene el secreto

hambriento de la  muerte,

rehúye hablar

cuando el amor le puede.

Tengo el pétalo

durmiendo en mi mente.



Resurge del cielo

aparentando ser fuerte,

reniega del frío


Y conmigo duerme.





Antonio Colinas.








A NUESTRO PERRO EN SU MUERTE*

 
Es la última noche
y no es fácil dormir porque detrás del muro
intuimos tu muerte.
Así que he acabado por salir a buscarte
a tientas en la sombra
y en ella te he encontrado respirando
aún como una llama.
(Como llama en lucerna sin aceite.)

Hoy, sobre todo, sentimos dolor
al pensar en lo mucho que nos diste
y en lo poco, tan poco, que te dimos.
Porque ha sido mucha la soledad que fuiste
llenando con tu clara soledad
y el diálogo sabio aquel de tu mirada
con mi mirada, de tus silencios
con mis silencios
en el centro del día.

Con cuanta lentitud, con que dulzura
te vas, amigo mío, arrastrando
por el río de sombra que es la noche,
por el río de estrellas que es la noche,
por el río de muerte que es la noche.
Y cómo calla ahora el jardín, y cómo calla
el bosque vaciado
de aquellos ruiseñores de junio
de los que tus ladridos nocturnos fueron luna.

Qué silencios tan negros y tan hondos
caen sobre esos dos ojos como estanques,
sobre esos ojos como hogueras negras.
Postrado en miserable rincón.
fidelísimo aún,
no te mueves, nada haces cuando llego
para no inquietarnos.
Aunque el dolor penetra más y más en tu ser
tú callas, callas manso—todavía más manso--,
y en esa mansedumbre se propaga
tu fiel adiós.

No temas, no le ladres a la Sombra
esa que al alba llegará muy ciega
a arrancarte los ojos, la vida, en el límite.
Aunque quedamos tristes
porque no alcanzaremos a saber
dónde reposarán tus nobles huesos,
también sabemos que desde mañana,
como volcán de luz,
toda la isla ya será tu cuerpo.




 
 *   “Libro de la mansedumbre”   




Eva García Madueño.




Acudo al recuerdo de tu 
cálido aliento, 
tus manos -tibias- ceñidas 
a mi cintura, 
el vaivén de nuestras 
caderas, 
la luz tenue que incide 
oblicua en la pared. 
Soy agua que se derrama 
en mareas.
Permanezco a la espera 
de tu regreso 
cuando el mar vierta su 
espuma sobre mi vientre 
y un amanecer incipiente
atrape 
una sonrisa furtiva 
sobre mi piel.


 "Cuando regrese la lluvia"





15 mayo 2018

Ana García Briones










En las costuras
de mi alma
circula un torrente de vida
en forma de poemas
exentos de residuos contaminados.

Violines sin música




Rafael Guillén






De nuevo te esperé en el desconsuelo...

 
De nuevo te esperé en el desconsuelo
de la esquina. Por el bullicio oscuro
iban, venían rojos autobuses,
acharolados táxis que, ocupados,
se detenían un segundo antes
del desencanto. La farola daba
entintado de cómic a la espera.

Los táxis están hechos con materia
de soledad, de presurosos besos,
de palabras sin terminar, de rápidos
adioses, de cabezas que se vuelven
como pidiendo auxilio. Cada táxi
va tejiendo y tejiendo su capullo
de seda por las calles, va encerrando
su mariposa entre los hilos tensos
de la ciudad que gime y que lo envuelve.

¿Por qué querer es esperar?. La lluvia
tenaz parpadeaba en el cambiante
neón de Piccadilly y los neumáticos
por el asfalto húmedo sonaban
como el desuello de una piel inmensa.

Todo el desecho de la prisa iba
acumulado en los asientos turbios
de los táxis. Su tántalo destino
era llegar para volver de nuevo.

Los táxis se alimentan de colillas,
de tersos portafolios, de monturas
de gafas, de coronas funerarias,
de perfumados guantes, de pañuelos
inmundos, de paraguas olvidados.
El horizonte de los táxis nace
a espaldas de la luz, está poblado
de sanatorios y consultas, linda
con discos y semáforos, discurre
por negocios y apremios y legajos.

¿A dónde va el amor cuando no acude
a nuestra cita?. Una lenta hilera
de gotas resbalaban por el borde
de la farola anochecida. Un golpe
de tos quebrada restalló muy cerca
de mi bufanda. El viento me azuzaba
los mastines del frío. Y otros táxis
pasaban sin parar, como otras noches,
como todas las noches de mi vida.

Cuando al amanecer se quedan solos
los táxis, se acarician la gastada
tapicería, que conserva algunas
viejas huellas de semen o de lágrimas.



María José Collado





Últimos peldaños


Nos convoca la tarde
a sus últimas luces,
a apurar esa copa
rosada del domingo, 
más al fondo a la izquierda
abren ya la consigna
donde guardan relojes
y cerradas maletas
con la clave del lunes.